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domingo, abril 16, 2017

“Asaltos” descarados a turistas en Isla Mujeres

Fabiola Cortés Miranda

Este también es el Caribe mexicano: el del abuso, el de la estafa y el de la ausencia de instituciones que velen por los derechos del principal activo económico de la región: los turistas.

Lo que les cuento sucedió en Isla Mujeres, pero de la misma forma pasa en Playa del Carmen, en Cancún y en Tulum, donde el común denominador suele ser el robo descarado al turista. Sin distingo de su origen, lo padece el nacional, aunque es peor si se trata de extranjeros.

El muelle de Puerto Juárez, donde se abordan las embarcaciones para cruzar a Isla Mujeres se ha convertido en un pulular de enganchadores que ofrecen a los turistas paquetes a la medida”, con la única garantía de la palabra, la cual se vuelve letra muerta en cuanto el cliente realiza el pago del servicio, tal como le sucedió a Eliana Fadias y Javiera Aravena, dos vacacionistas chilenas a quienes un vendedor de tours les ofreció por 750 pesos mexicanos, poco más de 40 dólares, un paseo que incluía transportación en lancha a Isla Mujeres, estadía de una hora en la isla, una parada para nadar en una de las bellas playas de esta ínsula, esnorkel en un arrecife, “show de delfines” y la comida...        

Y para darle “seriedad” al asunto, por si alguna duda les quedaba a las turistas chilenas, el vendedor del tour le pidió el 50 por ciento del costo total, con la promesa de que si no les cumplía lo ofrecido, no pagarían el otro 50 por ciento. Una oferta que nadie puede rechazar… Pero no se trata mas que de un “gancho”, porque una vez entregado el 50 por ciento, el vendedor desaparece y otra persona “coordina” el embarque, quien exige el otro 50 por ciento del costo del viaje, bajo amago que de no pagarse no se aborda la embarcación. Y el turista, quien para ese momento ya perdió contacto con el vendedor no tiene otra alternativa que pagar el otro 50 por ciento.

Después del primer trago amargo viene el siguiente: subir a una embarcación con sobrecarga de personas, y si alguien se atreve a quejarse de inmediato es “avisado” de las dos opciones que tiene: bajarse y a ver a quién le reclama su pago, o quedarse, como sea.
La primera parada en la Isla se cumple: una hora libre para recorrer el centro de la pequeña Isla. La segunda parada: la visita a la playa, consiste en parar la lancha en un punto del mar para que los turistas se avienten al agua, y si tienen suerte el lanchero y su ayudante se “molestarán” en bajar la escalera, pero si no, el descenso será como mejor se pueda. Esa es la “parada” en la playa paradisiaca.

Ya para ese momento el ánimo no es el mismo, la sensación de abuso empieza a calar, porque el paseo está muy lejos de ser lo que se pagó.

La siguiente parada es la visita al arrecife donde el turista podrá ver múltiples peces de colores y corales de distinta clase, según la promesa del vendedor. Para ello el lanchero saca un paquete de galletas saladas y “alimenta” a los peces como si se tratara de palomas en la Alameda, una práctica prohibida pero cotidiana y normal entre todos los lancheros y prestadores de servicios turísticos que desde hace tiempo sobre explotan los recursos naturales sin la menor capacitación y menos aún vigilancia y sanción.

Sin embargo, la gota que derrama el vaso no tarda en llegar cuando el lanchero se acerca a un “encierro” de delfines ubicado dentro del mar y a pocos metros de la playa donde algunos cetáceos pasan el tiempo mientras esperan su turno para “trabajar” a cambio de comida: ese es el show de delfines. La protesta de las turistas chilenas no se hace esperar, a lo que un lanchero, tranquilo y seguramente ya acostumbrado a los reproches, responde que él solo los lleva a los puntos que le indica el vendedor, pero “no tengo nada que ver en lo que se les ofrece”, se justifica, con una complicidad muy sobreentendida.

Este “hermoso” tour, más una comida de pescado con espagueti costó a las turistas chilenas 750 pesos… La sorpresa crece cuando en la misma lancha otros turistas nacionales revelan que por ese mismo viaje pagaron 350 pesos, y otra familia de 13 personas se da cuenta que fue timada con 500 pesos por idéntico paseo… Todos en la misma lancha con exceso de pasajeros.  

Y no hay consuelo alguno, porque las autoridades encargadas de la regulación de estas prácticas, desde la Secretaría de Medio Ambiente hasta la Secretaría de Turismo y la Capitanía de Puerto, no hacen absolutamente nada.

El turista se va frustrado, robado e indignado, con la seguridad de que no hay nadie a quién reclamarle o ante quién quejarse.    

Eliana Fadias y su hija Javiera Aravena pertenecen al segmento de turismo repetitivo, anteriormente ya habían vacacionado en Playa del Carmen.

“Me siento robada, estafada, entiendo que los países vivamos del turismo, pero esto es un abuso, desde que llegué todo ha sido un abuso”, se lamenta Eliana, quien asegura que cancelara su paseo a Chichén Itzá para tomarse el tiempo de buscar al vendedor de tours  Gabriel Aceves, de quien conservó su tarjeta, para reclamarle por el fraudulento servicio, “porque si no nos quejamos y permitimos que esto se repita y se repita, nunca va a cambiar”, opina la turista chilena, mientras se pregunta preocupada cómo irá de Puerto Juárez a Cancún, porque, la promesa de que el vendedor le enviaría un transporte… tampoco se cumplió.


Los turistas nacionales, “resignados” no harán nada, ya están acostumbrados  a que “así es México y sobre todo Cancún”, entendiéndose por Cancún, el Caribe mexicano. (NoticaribeNews)     

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