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domingo, agosto 23, 2015

Sufren crueldad ilimitada delfines en cautiverio, revela estudio realizado en el Caribe mexicano

CANCÚN, MX.-Un estudio realizado por Marisol Guerrero Martínez, experta en el tratamiento de delfines, y publicado por la organización "Delfines en libertad", ofrece un panorama completo de la crueldad inagotable a la que son sometidos los delfines en cautiverio. El trabajo se centra en el Caribe mexicano, y algunos otros delfinarios del país.


El reporte de 59 hojas, detalla el sufrimiento que padecen los delfines por encontrarse en condiciones antinaturales de vida.

Estrés, ansiedad, lesiones físicas, enfermedades, hambre permanente, medicación constante, confinamiento en aguas cloradas, trabajos extenuantes y reproducción forzada, rodea a la redituable industria de los delfinarios en Cancún y la Riviera Maya, así como otros destinos del Caribe mexicano, donde se concentran el mayor número de delfinarios en México y el Caribe. De 29 instalaciones, con aproximadamente 337 ejemplares, más del 67 por ciento se ubican en Quintana Roo.

El trabajo de Marisol Guerrero se realizó entre noviembre de 2012 y enero de 2015, periodo en el cual se visitaron 16 delfinarios en la zona de Quintana Roo. Además, se accedió a otras instalaciones en el Pacífico y Atlántico de México.

El documento aborda la historia de los delfinarios en México, la captura y venta de los cetáceos y la legislación mexicana en la materia. También pone nombre y apellido a las empresas dedicadas a la explotación y abuso de los delfines, entre otros temas.  

El texto está acompañado de fotografías en las que se observan las lesiones sufridas por los delfines, la medicación forzada y el sufrimiento de estos mamíferos. Testimonios de turistas y personal de los parques acuáticos como Delphinus y Dolphin Discovery exponen las penurias que deben padecer los delfines.      

“En todas las (instalaciones) visitadas los delfines presentaban lesiones en sus rostros. Documentamos rostros los cuales estaban extremadamente dañados y carnosos. Estas lesiones son el resultado de levantar a los turistas fuera del agua repetidamente en lo que se denomina el "footpush" (el delfín coloca su nariz en los pies del turista y lo empuja); escribe la investigadora. El hallazgo de Marisol Guerrero, se refuerza con el comentario dejado por un turista en Trip Advisor:

"Los delfines son graciosos y las (instalaciones) bonitas. Los delfines con los que interactuamos estaban bien entrenados, pero tenían una llaga abierta en su nariz. Ellos te empujan con su nariz y esperamos no haberles causado dolor".



El confinamiento es en sí mismo el peor de los castigos para un delfín, acostumbrado a habitar en un área de mil a mil 500 millas cuadradas, esto es alrededor de mil 600 a 2 mil 400 kilómetros cuadrados; en un día este mamífero puede recorrer hasta 40 millas, poco más de 60 kilómetros, lo que jamás hará ni durante toda su vida en cautiverio.  

“Aunque la cantidad de territorio cubierto de cetáceo a cetáceo puede variar, estos mamíferos cubren más territorio salvaje en un día que lo que podrían recorrer en toda su vida cautiva aún en las instalaciones más grandes”, refiere el estudio.

Aunque es claro que los delfines únicamente reaccionan e interactúan con la gente para recibir alimento (Condicionamiento Operante), tal parece que eso se ve con normalidad y hasta con simpatía entre los clientes de estos espectáculos, pero esta es otro de los tratos desnaturalizados que padecen los delfines, acostumbrados a cazar y comer peces vivos en su hábitat.

“Cuando los delfines están en su tiempo libre también se les puede ver constantemente rogar por comida, siguiendo a los trabajadores alrededor de la alberca con el hocico abierto, una clara muestra que están hambrientos y ansiosos por comida”, detalla la investigación.

Alrededor de la industria de los delfinarios existe un velo de secrecía, tanto por parte de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) como de las empresas explotadoras de estos animales, que ahora defienden la condición antinatura de la procreación de delfines en cautiverio, sin reconocer el maltrato al que son sometidas las madres, la alta mortandad de crías, y la traumática e irreparable separación que sufren los cetáceos, además de que los nacidos en confinamiento pierden múltiples habilidades.

En una siguiente nota se rescatarán algunos otros fragmentos del estudio realizado por Marisol Guerrero, el cual puede descargarse aquí.

Cabe destacar que el sábado pasado la organización Delfines en libertad realizó una manifestación en Puerto Morelos en contra de un nuevo delfinario que se pretende abrir en la Marina El Cid.

El negocio de los delfinarios, en los que se cobran entre 70 y 200 dólares por nado, es una mina de oro para empresarios, autoridades y políticos que han sido omisos en legislar para prohibir totalmente esta actividad, y la muestra es que la industria sigue creciendo; por ejemplo, Grupo Delphinus de Rodrigo Constandse Córdova, hijo de uno de los socios de Experiencias Xcaret, pretende abrir dos nuevos delfinarios en Quintana Roo, uno es el denominado “Ziva Kaans”, que se ubicaría en las instalaciones del hotel Hyatt Ziva Cancún. (NoticaribeNews)

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